Sí, este fin de semana fue de lo más primaveral. No por el placentero tiempo que suele definir esta frase, si no, por lo "habitual" que puede ser en Asturias, y en primavera (al menos en la montaña) que las nieblas no te dejen ver el bosque, y el "orbayu" (llovizna) te cale hasta los huesos. En cualquier caso, las hojas de las hayas ya despuntan, y suponemos que el urogallo, ¡si aún queda alguno!, estará lanzando al viento del amanecer su canto, tantas veces escuchado por nosotros. La emoción que te embarga escucharlos en el silencio de la noche, mientras te vas acercando, es algo que no se puede explicar con palabras, hay que vivirlo. Quién sabe si volveremos algún día a sentir esa emoción, pues esta especie tiene los días contados.
El sábado al menos hubo momentos en que la niebla se disipó lo suficiente para dejarnos ver un pito negro que nos alegró un buen rato, al estar por la zona de la cabaña reclamando y volando de un lado a otro en el bosque de hayas. También acudían a menudo una pareja de carbonero garrapinos, que entran a comer de una red que les colocamos con comida, y como cada vez que se acercaban reclamaban, sabíamos desde la cabaña en todo momento de su venida, y en una de las pocas veces que no orbayaba les pudimos hacer unas fotos, desde muy cerca, y sin siquiera taparnos, pues no sé si nos conocen, o es que saben que les pusimos allí nosotros la comida, y se dejaban fotografiar para agradecerlo :-).
Hoy por el contrario, la niebla era más espesa aún, y no dio tregua el orbayu, así que no se pudo hacer nada más que respirar hondo, para aprovisionar los pulmones del aire sin humos de la montaña.
Carbonero garrapinos.
El fresno que tenemos frente a la cabaña ya tiene las yemas apuntando.
Urogallo macho cantábrico. (original diapositiva)
Pito negro macho, asomado en el nido. (original diapositiva)





